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miércoles, 5 de junio de 2019

La masacre de los Lerman (2)

Foto tomada de https://oracionparaeltrabajo.com/oracion-para-el-negocio/



En un domingo de bautizo llegó con su hija a la iglesia, lucía un sombrero sencillo y pequeño sin ser extravagante, cubriendo su cabello corto y engominado; podía ver como su espíritu disfrutaba cuando ella venía y a Dios adoraba. Su voz suave y melodiosa, como nunca antes había escuchado, la que me hipnotizaba cuando cantaba junto al coro. Pero aquel día tenía un mal presentimiento, una inquietud que me aturdía.
Las horas pasaban y los días transcurrían, todo era la misma rutina. Vivía cerca de la iglesia en un cuarto que el pastor me había ofrecido en su casa junto a su esposa e hijos. Me simpatizaba esta familia porque existía el verdadero amor entre ellos y sobre todo que la paz reinaba todo el tiempo. Un buen pastor que se preocupaba por sus ovejas cuyo espíritu se llenaba de bondad. Dios lo amaba tanto que hacía sentir su presencia cuando él predicaba
la santa palabra.
La noche del viernes 31 de marzo de 1922 algo muy extraño e inquietante ocurrió cuando Anna no asistió a la iglesia para ensayar junto a sus compañeras del coro. Me puse intranquilo, me sentía desesperado por no convertirme en la muerte y salvarla; aquella dama no merecía sufrir. Tiene que ser feliz por ser fiel servidora del gran Yo soy. No toleraba esta ansiedad sin saber qué pasaba, pero lamentablemente debía obedecer órdenes. Pasaron cuatro días que Anna y su hija Kasilia no asistían a la iglesia y eso era extraño porque nunca fallaban ni a los ensayos y peor a las prédicas del pastor. Algo andaba mal, eso lo sabía, porque a pesar de estar convertido en humano no dejaba de ser Azrael, el verdugo de Dios y ángel de la muerte.
De repente escuché una voz desesperada que gritaba: – ¡Los Lerman han muerto! ¡Los Lerman han muerto! –Al escuchar esas desagradables palabras, me quemaban por dentro, no sabía si llorar o gritar, correr o saltar. Eran los síntomas que todo ser humano siente cuando está en estado de ira, tristeza y depresión. Pero lo que hice fue salir para ver qué pasaba.
Adler Bieber era vecino de los Lerman y sus gritos alarmaron al pueblo, los moradores del sector se acercaron hasta él para saber lo que realmente sucedió:    
–Hace una semana atrás no había visto para nada a ningún miembro de esta familia y es por eso que decidí ir a su granja para preguntarles si estaban bien o necesitaban algo, a pesar de que Andreas era idiota y de carácter muy enojado. Pero al entrar por el granero descubrí algo que mis nervios aún siguen alterados. Es mejor que vean con sus propios ojos este terrible asesinato.

lunes, 3 de junio de 2019

La masacre de los Lerman (1)

Foto tomada dehttps://www.ibelieve.com/slideshows/6-easy-ways-to-help-the-lonely-church-goer.html


La siguiente historia sucedió en los bosques alpinos del Estado alemán. A un kilómetro de un pequeño pueblo estaba ubicada una granja habitada por una acomodada familia de cinco miembros. El hombre de la casa se llamaba Andreas Lerman de sesenta y tres años de edad, su esposa Zelinda y su hija Anna, una joven viuda que tenía dos hijos: Kasilia y Armin de siete y dos años de edad.
A pesar de la lejanía donde vivían eran bien conocidos en la zona, pero no tenían buena reputación a excepción de Anna que cantaba en el coro de la iglesia. Tenía buen carácter, muy sociable, una mujer cuyo espíritu era de agrado al Señor porque al cantar lo hacía con sentimientos los cuales fluían a través de su corazón. En cambio, el padre era una persona huraña y hostil que maltrataba a su esposa de forma regular. Este se había obsesionado y enamorado de su hija hasta el punto de prohibirle que volviera a contraer matrimonio.
Se especulaba que Andreas era el padre biológico y abuelo del pequeño Armin. Él la violaba desde los catorce años, aunque ella nunca dijo nada por miedo a que la golpeara o maltratara a sus hijos. Aquel secreto la perturbaba, pero prefería callar y refugiarse en la casa de Dios.
Siempre al verla la recibía con tanta alegría y amabilidad, ya que era el diácono de la iglesia a la que Anna asistía. Mi misión: salvarla de las relaciones incestuosas que mantenía con el depravado de Andreas. Ella era bonita y no merecía ser infeliz. Eso me daba ira y solo esperaba la orden del Creador para sentenciar al padre por ese delito.
Un día la noté muy asustada y un poco aturdida, le pregunté:
–Anna ¿Qué le sucede?
–No me pasa nada, todo está bien, gracias por preguntar.
No me convenció su respuesta y mis presentimientos no me engañaban. Algo estaba mal, me daba la impresión que la hija de Andreas estaba siendo perseguida, ¿la estaban pretendiendo? ¿La estaban atormentando?. No podía ver más allá de la realidad porque en ese momento sólo era un humano y Jehová no me había dado la orden para proceder con el castigo, es por eso que aún no podía convertirme en la muerte. Además, la actitud de Anna ya no era la misma hace semanas, a pesar de ser infeliz con su familia y soportar todo lo que le hacía su padre, era educada, tranquila y amable. Por eso sospechaba que otro individuo algo tramaba contra ella.
¡Qué impotencia! ¡Qué desesperación! No podía hacer nada, ni convertirme en el ángel de la muerte para descubrir de una vez si ella se encontraba en peligro. Pero después de una semana volvió a su estado normal y me saludó. Lo misterioso de esto es que sus nervios y pánico que mostraba días anteriores en su rostro habían desaparecido.
–Señor Amadeus buenos días, me da alegría verlo, sobre todo fiel a su labor de recibir a las ovejas del Señor y darles la bendición antes de un culto. –Estaba sorprendido, mis instintos no me fallaban, tal vez ese tipo se escondió para hacerle creer que había desaparecido. Así transcurrieron aproximadamente seis meses que el misterioso individuo ya no perseguía a Anna, eso la tenía tranquila y relajada.

lunes, 11 de marzo de 2019

Lo extraño que cayó del cielo (I)

Imagen tomada de http://www.misteryinternet.com/2012/12/incidente-ovni-de-roswell.html



El 10 de diciembre de 1965 a las 16h44 pm antes de la puesta del sol en un pequeño pueblo cerca de Pensilvania se observó en el cielo una bola de fuego de color amarillo y azul parecida a la de un soplete que caía en la colina. Muchos pensaron que era un avión que se había estrellado.

Jack Murphy de cuarenta años era un periodista y dueño de la única estación de radio que daba sintonía a la población. Un hombre que siempre decía la verdad sin tener pelos en la lengua, eso caracterizaba su personalidad.
Esa tarde estaba con su hijo de catorce años en un partido de béisbol, al llegar a casa su mujer los esperaba con la cena, de repente el teléfono sonó, su esposa contestó y le pasó la llamada. Era su secretaria y le informaba que varias personas desde las 17h20 pm estaban llamando a la emisora pidiendo información sobre lo sucedido; Jack se sorprendió y decidió ir al lugar, no sin antes coger su cámara de fotos, su grabadora, libreta y pluma. No le tomó mucho tiempo en llegar. Al hacerlo muchos pobladores se aglomeraban de a poco tratando de ver lo que se estrelló contra las copas de los árboles. El periodista aprovechó que la policía local no llegaba aún, por lo que procedió adentrarse al bosque, prendiendo la linterna para divisar el valle y caminar hasta el barranco, encontrando un objeto no identificado que estaba parcialmente enterrado en el suelo; se parecía a la bellota que cae de los árboles.
Esa misteriosa nave medía dos metros y medio de ancho y tres metros de largo, era de color naranja brillante. Murphy procedió a tomar fotos, pero no estuvo mucho rato por miedo a que eso explote. Salió a la carretera principal donde había mucha gente, todos atraídos por el extraño suceso. Un camión lleno de militares apareció, bajaron de la parte de atrás y alejaron a todos los que estaban ahí.
–Señores tengan la bondad de irse a sus casas, esta zona queda restringida –dijo uno de ellos.
Por otra parte, Jack entrevistaba a Thomas Ward, un niño de nueve años, uno de los pocos testigos que presenció el espectáculo.
– ¿A qué se parecía lo que viste en el cielo? Le preguntó.
–Se parecía a una estrella en llamas, me asusté y le dije a papá que también lo vio, contestó Thomas.
–Es verdad lo que dice mi hijo. Eso parecía como dos grandes destellos y una larga línea de luz naranja, amarilla y por último azul que llegué a pensar que era un avión. –Habló el padre del niño.
Jack grababa y tomaba apunte de las declaraciones en su libreta, pero no estaba contento con la poca información, así que siguió entrevistando.
–Mucho gusto soy Jack Murphy y me gustaría saber lo que presenció hace una hora atrás.
–Hola soy Adam Cooper, mucho gusto. Le cuento que estaba sentado en el Porsche de la casa de mis padres cuando vi una bola de fuego con llamas alrededor que descendía a la colina y me di cuenta que una especie de humo o polvo salía de los árboles. Me dije que algo se había estrellado y decidí venir en mi Chevrolet para saber lo que pasaba. –Fueron las palabras del joven.